Arcanos Mayores del Tarot de Marsella (3)

Siguiendo el Tarot de Camoin-Jodorowsky.

XV El Diablo – Le Diable

El Diablo, la carta número XV se corresponde con el arcano número V, el Papa. Pero si bien el Papa representa un puente con el mundo elevado y espiritual, esta carta nos conduce al mundo interior del inconsciente. No en vano tiene alas de murciélago y lleva una antorcha. El Diablo muestra cuatro caras. La primera cara es la de su rostro, bizca e infantil. La segunda cara son los ojos de sus pechos, que contienen el símbolo del sol y de la luna. La tercera cara es la del vientre, que refleja la del rostro. Por último, tiene una cuarta cara en los ojos de sus rodillas. Al mismo tiempo, vemos que el Diablo es un ser hermafrodita, ya que tiene a la vez, falo y senos. Anillados a su pedestal, otros dos seres se asemejan al diablo con sus cuernos, mientras que sus pies parecen enraizarse en la tierra. Esta carta parece querer mostrarnos cómo todas las pasiones y las potencias ocultas del inconsciente están presentes en todos nosotros.

En una lectura, el Diablo nos habla de tentaciones que están presentes en nuestra vida. También de ataduras de las que deberíamos liberarnos. Por otro lado, puede ser una invitación a sumergirnos en el inconsciente, a descubrir lo que hay en nuestro interior. El viaje a la oscuridad puede ser el primer paso antes de elevarnos a la luz.

XVI La Torre – La Maison Diev

La Torre (la «Casa Dios», en traducción literal), corresponde al sexto arcano de la primera serie del Tarot, El Enamorado. En el Tarot Camoin-Jodorowsky, hay diversos elementos que hacen que esta carta sea algo diferente y con un significado más profundo que en otros tarots de Marsella. Por un lado, la Torre que se nos muestra aquí tiene puerta, y tres escalones que, como un sendero iniciático, nos conducen hasta ella. Podemos ver a los personajes de la carta como seres heridos por el rayo que caen de la misma, o bien, como seguidores del camino del Colgado, capaces de enterrar su mente en la tierra para vislumbrar el mundo inconsciente. También se pueden asimilar a los compañeros del Diablo, que en este caso han acabado su viaje al interior y empiezan a elevar sus pasos, como indica el personaje de la izquierda. El rayo que abre la parte superior de la Torre puede interpretarse tanto como algo destructivo como una llamada del cielo que nos impulsa a hacer una gran transformación. Este rayo contiene diversos colores y en una de sus ramificaciones podemos encontrar una forma que sugiere la de un feto, es decir, algo que está en formación.

En una lectura, la Torre indica un momento de gran cambio. Algo que estaba guardado, oculto o encerrado, sale al mundo exterior. Así se muestra y se conoce. Puede ser un secreto que se expone, como el personaje que sale por la puerta, o puede significar la expulsión de un lugar, un terremoto que nos impulsa a buscar seguridad en la tierra.

XVII La Estrella – La Toille

La Estrella, el arcano número XVII nos muestra al primer ser humano desnudo de toda la serie del Arcano Mayor. En el Tarot, la desnudez simboliza la pureza. Con una rodilla apoyada en la tierra parece haber encontrado su lugar en el mundo. En relación con su carta hermana, el Carro, la Estrella se relaciona con el mundo no desde una actitud de conquista, sino irrigándola, fertilizándola y uniéndose a ella. Todo aquí nos habla de creación y de fertilidad: sus pechos nos recuerdan la lactancia y en su vientre se abre una boca que puede interpretarse como una semilla. Sus dos cántaros derraman agua desde dos posiciones diferentes. Uno procede de sí misma, y es de naturaleza solar, está unido a su muslo. El otro, lunar, se integra en el paisaje. La Estrella es en realidad un guía que nos conecta con lo más elevado, pero desde la sencillez de la generosidad.

En una lectura, la Estrella indica una acción generosa sobre el mundo, en la que se crean las bases para un crecimiento futuro. Puede simbolizar la buena suerte o el encuentro con algo o alguien que es bello y de naturaleza espiritual. Es una Estrella que nos puede guiar si somos capaces de verla en su naturaleza más pura.

XVIII La Luna – La Lune

La Luna se nos presenta en este Arcano de perfil. Sólo vemos una cara del rostro femenino y arrugado de este astro, que nos habla de edad y sabiduría. Bajo ella, dos perros o lobos la observan en medio de un paisaje dominado por dos torres que son como portales a otra dimensión. Uno de los animales es de color azul cielo, con orejas de color carne, el otro es justamente lo opuesto. Del mismo modo, una torre es celeste y la otra anaranjada. En la parte inferior del dibujo hay una alberca cuyos límites superiores son marcados por líneas que representan el límite entre el inconsciente y la mente racional. En cambio, en la parte inferior, está delimitado por piedras y plantas, que es donde el inconsciente conecta con la naturaleza. La alberca tiene ondas de agua en las que nada un cangrejo. Éste posee los colores de la luna, por lo que está también conectado con ella, y lleva en sus pinzas unas bolas azules que pueden ser ofrendas o regalos de carácter lunar e intuitivo.

En una lectura, la carta de la Luna representa la energía de la madre, o bien el mundo inconsciente e intuitivo. Nos invita a explorar estos temas en nuestra vida. Puede indicar también miedos, o la necesidad de conectar con las aguas del inconsciente, a través de los sueños y la fantasía, para encontrar las respuestas que estamos buscando.

XVIIII El Sol – Le Soleil

El Arcano número XVIIII nos muestra al astro rey que nos mira de frente. Está en toda su plenitud, derramando rayos anaranjados y rojos. Bajo este sol, vemos a dos niños que se encuentran de pie, casi desnudos, sobre lo que parece ser un río de color azul. Estos dos personajes son similares a los acólitos del Diablo, ya que uno de ellos porta una cola, mientras que el otro tiene tres puntos dibujados sobre su cuerpo. Los servidores del maligno parecen haber salido del mundo de las tinieblas para entrar en el terreno de la Luz. Ambos se acercan en lo que parece ser el primer paso de un abrazo, en el que se une la naturaleza animal de uno y la divina del otro.

En una lectura, el Sol nos anima a construir una vida nueva. Aquí se obtiene un éxito en compañía de otra persona (a diferencia del éxito individual del Carro). Al comenzar un nuevo camino, lo hacemos con optimismo, con salud. Es el padre ideal, o la visión más positiva de la infancia, como terreno en el que crecemos y aprendemos con facilidad y sencillez.

XX El Juicio – Le Iugement

Esta carta significa el final de la segunda decena del Tarot. Una vez terminado el ciclo, accedemos a un nuevo nacimiento conformado por la presencia de dos personajes, un hombre y una mujer desnudos que dan nacimiento a un nuevo ciclo. Ambos, a través de la oración, se unen para crear al ser que se encuentra en el centro de la imagen, el andrógino divino. El ángel que se sitúa en las nubes es el heraldo de este renacer. Con su trompeta ejecuta la llamada a las almas para que estas se eleven de sus tumbas. La cruz de la bandera angélica está indicando los cuatro mundos en los que se mueve la vida humana: física, emocional, mental y creativa. Por último, hay que señalar el juego de miradas entre los personajes. La mujer mira al hombre, se apoya en él, al tiempo que con el codo toca al ser que tiene frente a sí. El hombre, a su vez, recogiendo la energía de la mujer, eleva la mirada al ángel.

En una lectura, el Juicio nos señala el comienzo de algo que parece bendecido por los cielos. Es una llamada vocacional que no puede ser negada. Como se ha indicado, si en la pregunta hay implicadas varias personas, es conveniente ver quién es cada cual en la tirada. Puede indicar también un juicio o el sentirse juzgado. Es una carta de renacimiento, de éxtasis y de oración.

XXI El Mundo – Le Monde

El Arcano número XXI señala el punto final del recorrido del Tarot, es el número más alto y como tal nos habla de meta alcanzada. En ella vemos a una mujer que se nos presenta de un modo triunfante en medio de una mandorla (corona) de color azul cielo. Esta corona nos indica una tarea celestial, que ha sido cumplida con éxito. Esa corona es una representación del sexo femenino, o el huevo, desde el que emerge un nuevo ser. La mujer lleva en su mano derecha (masculina) un frasco que simboliza lo femenino, en la izquierda (femenina), una vara masculina. Por eso aúna los opuestos. A su alrededor vemos a los cuatro seres que representan, según la tradición a los cuatro evangelistas, a los cuatro palos del arcano menor, o a los cuatro elementos.

En una lectura, esta carta nos habla de algo que está realizado. Un parto que genera algo completamente nuevo. Es el inicio de un viaje espiritual o el momento de la plenitud de la vida. Aquí se alcanza la mayor expansión del Ser y la consciencia.

Copyright texto: Octavio Déniz

Copyright imágenes: Camoin-Jodorowsky

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