La Mujer Escarlata (1)

Quizás una de las cartas más misteriosas del Tarot Thoth es el arcano número XI, que se denomina «Lascivia». Observándola, nos preguntamos quién es la mujer que domina a la bestia y cuál es el simbolismo profundo de este naipe. Para responder a estas cuestiones, hay que entrar a fondo en la poliédrica filosofía de Aleister Crowley y en una parte central de su vida: su tortuosa relación con las mujeres.

Para resumirlo en pocas palabras, la mujer del naipe no es otra que la «Mujer Escarlata», conocida por ser la encarnación de la diosa Babalon. Y la bestia que cabalga, es el propio Crowley.

Babalon es una diosa dentro del sistema teológico de Thelema, en la que se encarnan distintos arquetipos de lo femenino. Simbólicamente, es el impulso sexual femenino que se genera en una mujer libre de toda restricción. Pero también se la puede ver como la personificación de la Gran Madre, o la Madre Tierra.

El consorte de Babalon es el Caos, el «Padre de la Vida» o el principio creativo masculino. Para Crowley, este dios del Caos, que era él mismo, también podía ser denominado la Gran Bestia (Therion). Ambos, Babalon y Caos, unidos a través de la Magia Sexual, dan origen al Eón de Horus, es decir, a la Nueva Era.

Como dije anteriormente, la representación más clara de Babalon es la que encontramos en el Atu XI del Tarot Thoth. Aquí presenciamos a una mujer desnuda que cabalga una bestia de Siete Cabezas. Con su mano derecha lleva las riendas del animal, mientras que con la izquierda sujeta un objeto que no es otra cosa que el Grial, la copa o el caldero sagrado, que es uno de los símbolos primordiales de lo femenino. La mujer se recuesta sensualmente sobre la Bestia (Therion) y da a luz, a través del grial, a un nuevo mundo.

El origen de Babalon procede del Apocalipsis. Allí se habla de la «Prostituta de Babilonia», concretamente, en el capítulo 17: «[3] Me trasladó en espíritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabezas y diez cuernos. [4] La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su prostitución, [5] y en su frente un nombre escrito – un misterio -: ‘La Gran Babilonia, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.'»

Como vemos, Crowley da la vuelta a todo este simbolismo, aseverando que la Mujer Escarlata es realmente el cáliz, el vientre sagrado del que nacerá la Nueva Era. Ella espera al adepto que ha aprendido a conversar con su Ángel de la Guarda y le anima a cruzar el Abismo, el espacio aterrador donde sólo existe el vacío. Es una prostituta sagrada porque no rechaza a nadie, y porque eleva espiritualmente al adepto gracias al sexo. Pero la prostituta cobra un precio por sus servicios: la sangre del adepto, es decir, su ego. Esa «sangre», que en algunos escritos se equipara con el semen, debe unirse a los fluidos femeninos para que se pueda producir la Creación.

(Aun así, conviene aclarar que en gran medida, la representación que vemos en el arcano XI proviene de la magia enoquiana, es decir, de la descripción que hacen John Dee y Edward Kelly de Babalon como «la hija de la Fuerza».)

Pero Babalon, la Mujer Escarlata, no fue solo un concepto teórico en el pensamiento de Crowley. En la práctica, Babalon era el nombre genérico que daba a todas sus compañeras sexuales.

La primera Mujer Escarlata de Crowley fue su primera esposa, Rose Edith Crowley. Pero entre todas ellas, hubo una que encarnó mejor que ninguna el arquetipo de la Prostituta Sagrada. De ella hablaré en el próximo capítulo.

Los Comentarios están cerrados.